Una de las primeras lecciones que suele aprender cualquiera que se acerque a la fotografía desde un punto de vista formal o académico es la importancia de la luz. Todos sabemos que es la auténtica materia prima de la fotografía. No obstante, la luz no es la protagonista de este post; lo es el color, que no debe ser considerado una propiedad de la luz, sino más bien una consecuencia de esta forma de radiación electromagnética.
El color de un objeto es el resultado de tres componentes esenciales. Por un lado, lo vemos del tono que coincide con la parte del espectro de luz que refleja (el resto de la energía es absorbida). El color también varía con la fuente que irradia la luz; y, por último, depende de la percepción del observador (en nuestro caso de la interacción entre nuestro sistema visual y nuestro cerebro).
Los espacios de color son la herramienta que los aficionados y los profesionales de la fotografía tenemos a nuestra disposición para trabajar, precisamente, con el color de nuestras instantáneas. De hecho, podemos contemplarlos como representaciones cuyo objetivo es proporcionar formas de codificar el color de una manera coherente e independiente del dispositivo de captura y reproducción. Los tres espacios con los que se suele trabajar en fotografía son RGB, CMYK y Color Lab, así que vamos a repasar brevemente las principales características de cada uno de ellos.
RGB
El nombre de este espacio de color procede de la forma en que representa cada uno de los tonos a partir de la adición de los tres colores primarios: rojo (R), verde (G) y azul (B). De esta forma, cada uno de los colores se recrea mezclando los tres primarios en una proporción concreta. Pero todo esto probablemente ya lo sabíais. Lo que nos viene bien tener presente a los fotógrafos es que la codificación estándar RGB utiliza una precisión de 8 bits por canal, o, lo que es lo mismo, para cada uno de los tres colores primarios.

El problema es que con 8 bits no obtenemos siempre la suficiente precisión, por lo que suele ser conveniente procesar los ficheros RAW a 16 bits por canal, para luego pasarlos a 8 bits, eso sí, después de realizar los ajustes pertinentes. El espacio de color RGB suele ser el utilizado por los dispositivos que trabajan directamente con la luz, como, por supuesto, las cámaras de fotos, los monitores y los televisores.
CMYK
El espacio de color CMYK, a diferencia del RGB, se apoya en la teoría de los colores primarios sustractivos. Esto significa que los colores no son el resultado de la mezcla de luz roja, verde y azul en distinta proporción, sino de la combinación de unos pigmentos capaces de absorber distintas longitudes de onda de la luz. La teoría defiende que podemos obtener prácticamente cualquier color absorbiendo de la luz blanca distintas proporciones de cian (C), magenta (M) y amarillo (Y).

La K del nombre de este espacio de color procede del negro (se utiliza la K de black y no la B para no confundirlo con el azul), un pigmento que se emplea para corregir la desviación que se produce debido a la dificultad que entraña fabricar pigmentos cian, magenta y amarillo perfectos. Algo que a los fotógrafos nos viene muy bien tener presente es que cuando trabajamos en el espacio de color CMYK debemos indicar el porcentaje de absorción de cada uno de los canales. Esto significa que con un 100% de cian, magenta y amarillo obtendremos el color negro. Y, para concluir, solo un apunte: los dispositivos que recurren a la manipulación de pigmentos, como las impresoras, los sistemas de fabricación de planchas de impresión o los plóter, entre otros, utilizan el espacio de color CMYK.
Color Lab
Aunque se trata de un espacio de color teórico, y, por tanto, no puede ser utilizado por ningún dispositivo, Color Lab es muy importante porque se inspira en la forma en que los seres humanos percibimos los colores y es capaz de codificar más tonos que los espacios RGB y CMYK. Pero que no pueda ser utilizado por ningún dispositivo no significa que no resulte útil. De hecho, Color Lab es muy valioso como espacio intermedio cuando necesitamos transferir la información de color de RGB a CMYK, o viceversa.

Su nombre procede del esquema de representación de los colores que utiliza, que recurre a tres ejes: el L, que permite medir la luminancia y que representa el brillo de los colores; el A, que refleja la variación entre los colores verde y rojo; y el B, que indica la variación entre los colores azul y amarillo. Cuando necesitemos manejar la luminancia podremos manipularla en el rango que va de 0 a 100, mientras que las componentes de los ejes A y B varían entre -127 y +127.
Imagen | Giuseppe De Francesco
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javiguerr
No sé, no sé. La introducción del artículo es un poco caótica y, ciertamente, poco ajustada a la realidad.
Los objetos no tienen color, es la luz la que lo tiene, por lo tanto el color sí es, precisamente, una propiedad de la luz, y sólo de ella.
Desde un punto de vista objetivo, el color con que vemos un objeto determinado no es resultado de tres componentes, ni nada de eso. Depende exclusivamente de las longitudes de onda que refleja (que no absorbe) de entre las que inciden en él. O sea, depende de la luz y en particular de su longitud de onda.
Desde un punto de vista subjetivo, el color sí depende de lo que cada ser es capaz de captar y la interpretación que de ello hace su cerebro, pero no se puede mezclar una cosa con otra. Los humanos tenemos unas limitaciones (sólo tenemos receptores sensibles a los colores rojo, verde y azul; con poca luz no detectan nada y vemos en B&N... aparte de trastornos y enfermedades particulares), algunos animales tienen más limitaciones todavía y otros muchas menos. Nosotros construimos nuestra percepción con nuestras herramientas, no fuera de ellas, pero eso no significa que el color deje de ser una propiedad de la luz.
medyr
Solo un apunte: Lab no solo viene bien como espacio de color intermedio en conversiones, si no que también es un buen espacio para trabajar dado que trabajas con color y luminancia por separado.
Un ejemplo es photivo, todas las herramientas de enfoque y eliminación de ruido trabajan solamente en modo Lab (para eliminar ruido por separado de luminancia y crominancia, tener ya todo en diferentes canales ayuda bastante). La parte básica tiene los controles duplicados para RGB y Lab.
La verdad, como propuesta sería:
RGB: para adquisición o muestra (en la actualidad) de imágenes.
CMYK: para formato final en trabajos de impresión.
Lab: para editar (combinado en parte con RGB).
Dado que Lab es un buen paso entre RGB y CMYK, al terminar la conversión a cualquiera de los dos debería ser más fácil.
En algunos programas como Photivo se puede ver la diferencia al trabajar en RGB o Lab y como ello puede afectar al color. Como no es lo mismo compensar la luminosidad trabajando y compensando tres canales que uno solo, es menos agresivo para el color.
http://www.apratizando.com/2012/05/niveles-en-photivo/
Me ha gustado mucho esta entrada, muchas gracias